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Agustinos
de la Asunción




Mensaje de solidaridad de los consejos generales a los pueblos de las di��cesis de Butembo-Beni, de Bunia, y de Goma.

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2015-04-01 - Roma

1. Introducción.
Nosotros, miembros de los Consejos Generales de las diferentes Órdenes y Congregaciones presentes en la Diócesis de Butembo-Beni, en la República Democrática del Congo, hemos tenido conocimiento de los recientes disturbios y masacres en la región de las Diócesis de Butembo-Beni y en sus alrededores. Nos hemos sentido impactados al enterarnos de las espantosas masacres de civiles desarmados, cuando el pueblo de esta región llora aún el secuestro de más de 800 personas, incluidos 3 Padres Asuncionistas, el 19 de Octubre de 2012. Quisiéramos con estas palabras expresar nuestra solidaridad con el pueblo de la RDC en general, y con la Iglesia de Butembo-Beni en particular, y muy especialmente con los discípulos de Cristo que trabajan sin descanso por la paz y el desarrollo de los pueblos de esta región.

2. La dignidad de la persona humana proviene de Dios y es inviolable.
Denunciamos la crueldad y brutalidad de estas matanzas -de niños y de adultos- en las regiones de la Diócesis de Butembo-Beni. Nuestra iniciativa es suscitada por nuestra fe. Es un principio fundamental de nuestra fe que toda persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27). La masacre que tuvo lugar en la región de Mbau nos ha repugnado por su aspecto particularmente odioso, inhumano e insensato; no solamente ha sido cometido a sangre fría, sino también dirigido especialmente a niños inocentes, mujeres y hombres desarmados.

3. Las masacres.
Desde Octubre de 2014 hasta la fecha, estamos confrontados con masacres horribles. Según las informaciones de que disponemos, ciudadanos pacíficos y desarmados son raptados y asesinados en los pueblos del territorio de Beni. Incursiones nocturnas de hombres armados tienen como consecuencia que algunas personas sean secuestradas, otras asesinadas, así como pillajes de dinero, ganados y aves. Esos asesinatos son odiosos, algunos tienen el cuello cortado, los brazos de muchos niños también; algunas mujeres son violadas y reventadas; y muchas familias enteras masacradas. Las víctimas son asesinadas brutalmente con machetes, hachas y cuchillos. Estas matanzas han alcanzado a la Diócesis de Bunia desde Enero de 2015. Hasta la fecha, más de 400 personas han sido masacradas con la misma atrocidad.

4. Consecuencias de las masacres.
Esa violencia ha traído importantes consecuencias: penuria alimenticia, interrupción o mal funcionamiento de los servicios médicos, desplazamientos de población, migraciones, falta de servicios psico-sociales, interrupción de los servicios educativos, etc. La vida de las familias queda totalmente perturbada o destruida. Es inadmisible que la inestabilidad de la RDC y las matanzas de este tipo  perduren y que continúe el país hundido en una espiral de violencia. Es evidente que la población de la RDC sufre desde hace ya demasiado tiempo. Continúa viviendo en la precariedad, la pobreza y la inestabilidad, cuando el país está dotado de ricos recursos naturales a los que sólo los ambiciosos, o quienes poseen armas, tienen acceso.

5. Queridos Padres Obispos, queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
Trabajar en un contexto inestable como el de su país es difícil. Se lo agradecemos a todos, miembros y voluntarios de la Iglesia, por su duro trabajo desde hace muchos años. Los animamos encarecidamente a continuar esa labor de evangelización, encontrando la fuerza en el Corazón del amor salvador de Jesús. Tengamos presentes las palabras del Papa Francisco: « el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, ya que todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone, la amistad con Jesús y el amor  fraterno » (Evangelii Gaudium, 265). 

La atención pastoral de la Iglesia debe englobar tanto a las víctimas, cuanto a los autores de esas atrocidades. Ese genocidio fratricida debe terminar. Pero la brutalidad de esas matanzas revela la profundidad del pecado en el corazón de sus autores y cómplices. A ellos debe alcanzar también la pastoral de la Iglesia. Ojalá puedan Ustedes continuar, redoblando esfuerzos, ese trabajo de formación de las conciencias, la educación de toda persona y la promoción de la justicia, la reconciliación y la curación por la paz. Eso es imposible por nuestras propias fuerzas. Debemos encontrarnos nosotros mismos con Cristo para ser portadores de la Buena Noticia a todos nuestros hermanos.

6. Queridos Hermanos y Hermanas religiosos,
¡No se desanimen! Continúen tomando parte en la reconstrucción humana, espiritual y ética de su país, volviéndose « expertos en comunión », testigos y artesanos de ese « proyecto de comunión » (Carta Apostólica del Papa Francisco a todos los consagrados, II, 3), favoreciendo « la comunión y el apoyo mutuo  » (Ibidem), volviéndose « profetas  que den  testimonio de cómo vivió Jesús en esta tierra » (Ibidem, II, 2). Es un deber y un privilegio nuestro dar testimonio ante nuestro pueblo, a través del amor fraterno, de la solidaridad y la concordia mutuas, que demuestren que las diferencias étnicas son fuente de fuerza y de bondad, y no de división y de odio. Los animamos, queridos Superiores Mayores, a la formación de los religiosos en los dominios de la justicia y de la paz, de los servicios psico-sociales y de la comunicación para la animación de sus comunidades, y en el seno de sus apostolados.

Contamos con Ustedes para alertarnos cada vez que sea necesario, transmitiéndonos informaciones objetivas sobre la situación.

7. Compromiso de los miembros de los Consejos Generales en Rome.
Como miembros de nuestros Consejos Generales, residentes en Roma, nos hemos reunido y compartido nuestra reflexión sobre las situaciones en que Ustedes viven. Estamos profundamente admirados y afectados por lo que Ustedes padecen. Reconocemos su valentía, mientras continúan Ustedes ejerciendo su ministerio en circunstancias tan difíciles. Les expresamos nuestro apoyo moral y espiritual, prometiéndoles orar por todos Ustedes.

Nos comprometemos, por nuestra parte, a difundir las noticias relativas a la deterioración de la situación en la RDC, y a dirigirnos a los organismos de Justicia y Paz, Integridad de la Creación, y de la USG-UISG, con el fin de contribuir a dar mayor conocimiento del conflicto en curso ante la comunidad internacional, y ante los diferentes organismos de Derechos Humanos.

8. Guardar viva la Esperanza.
Como ya decía San Juan Pablo II, « El amor redentor de Dios abraza a toda la humanidad, razas, tribus y naciones, incluyendo por consiguiente a los pueblos del continente africano » (Ecclesia in Africa, 27), y « la Buena Noticia es Jesucristo » (Ibidem, 60). Los animamos pues a reavivar la fe, la esperanza y el amor de Dios, y de sus hermanos y hermanas. Levanten la mirada hacia Cristo: Él es la fuente de nuestra esperanza. Además « El Evangelio invita ante todo a responder a Dios que nos ama y que nos salva, reconociéndolo en los demás, y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos » (Evangelii Gaudium, 39). Que la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, resucitado de entre los muertos, sea con todos Ustedes y renueve su energía y sus fuerzas.

Roma, el 29/03/15
Sus hermanos y hermanas en Cristo que viven en Roma,
Agustinos de la Asunción, o Asuncionistas,
Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto,
Hermanas de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora,
Hermanas de María Reparadora,
Orden de la Santa Cruz,
Misioneros de África (Padres Blancos),
Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús,
Clérigos Regulares Menores, o Carraciolinos,
Monjes Silvestrinos (de la Orden de San Benito),
Orden Secular de Carmelitas Descalzos.

Au nom des Conseils Généraux
Père Emmanuel Kahindo Kihugho
Assomptionniste
Vicaire Général
emekahi@yahoo.fr
Via San Pio V, 55
00165 Roma