OK Su questo sito NON utilizziamo cookie di profilazione di terze parti. Se vuoi saperne di più o prestare il consenso solo ad alcuni utilizzi clicca qui. Cliccando sul pulsante OK, o continuando la navigazione effettuando un'azione di scroll, presti il consenso all'uso di tutti i cookie.

¿Quieres ser asuncionista?

Agustinos
de la Asunción




Signos de Dios n�� 14 - Su amor a la pureza

196_big.jpg

2015-07-06 - Roma

“Dictaré mis recuerdos al azar a medida que me vengan en mente. No puedo evitar el comenzar por una de las características que más me ha llamado la atención en el P. d’Alzon y que ha impresionado a todas las que lo hemos conocido de cerca. ¡Qué amor por la pureza había en esta alma! ¡Qué impregnado de ella estuvo siempre su exterior! ¡Cómo sabía inspirarla y qué don angelical le había dado Dios para hablar de ella, ya sea en sus discursos públicos o en sus relaciones privadas! Es el instrumento por el cual formó tantas vocaciones. Inspiraba amor hacia esta blanca corona, de la que se percibía muy bien que él mismo nunca había empañado. Me parecía que amaba a las almas proporcionalmente a cuán puras eran; sin duda, se daba a todos, pero jamás le conocí amistad alguna que no fuera con personas libres de toda sospecha. Tuvo muchos enemigos, lo atacaron de muchas maneras, pero en este punto jamás ninguna duda pudo levantarse contra él; a pesar de las muchas relaciones que las obras le proporcionaban, nunca fue objeto de ninguna sospecha ni de un solo ataque. Le conocí en su juventud; su comportamiento era entonces mucho más severo de como fue más tarde. Junto a una mortificación permanente, de la que diré más adelante mis recuerdos, unía modales tan reservados, tan serios, tan impregnados de la más alta delicadeza, que incluso cuando su alegría natural salía a luz, no perdía nada de su dignidad y decoro que inspiraban respeto y que no hubieran permitido a nadie el menor gesto de familiaridad. Creo que practicó siempre una prudencia muy grande para con personas dudosas, a las que tenía que hacer algún bien, no encontrándolas sino en el confesionario o en lugares donde había testigos, por ejemplo en los conventos”.

(Testimonio de Santa María Eugenia de Jesús en el momento de la muerte del P. d’Alzon).

Signos de Dios - 14