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Agustinos
de la Asunción




Signos de Dios n�� 13 - Vivi�� pobremente

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2015-01-21 - Rome

Su origen aristocrático, su educación, sus relaciones con la nobleza de la época hubieran podido hacer de Manuel d'Alzon un hombre indiferente a las desigualdades sociales. Pero sus padres, profundamente cristianos, le transmitieron una apertura evangélica a los pobres y a los pequeños. Todavía niño, visitaba con su madre a los enfermos del Hospital. Estudiante, reunía durante las vacaciones al personal de servicio del Castillo de Lavagnac para enseñarles y catequizarlos. Joven sacerdote, distribuye a los pobres todo lo que tiene. "El señor lo da todo", decía su criado. Y su madre, a pesar de ser muy buena, se quejaba de semejante generosidad: "Mi hijo me cuesta más que dos holgazanes". Nombrado Vicario General, el Padre d'Alzon lleva una vida sobria y pobre. Elige un modesto alojamiento en un barrio pobre de la ciudad y no acepta el coche con librea y escudo de nobleza que le ofrecen sus padres. Recorre los barrios populares "gastando mucha suela de sus zapatos" y descubriendo tantas miserias y sufrimientos que habría que aliviar. Desde que llegó a Nimes los pobres encuentran en él a un defensor. (…)

En sus discursos de fin de año en el Colegio, dirigiéndose tanto a los padres de familia como a los alumnos, denuncia con palabras mordaces y duras "la corrupción que se aprovecha de la pobreza y del hambre". Los pobres son "los miembros sufrientes de Jesucristo". Hay que aprender a "respetar a los pobres".

(Fichas d'Alzon 80, Nº 6, p. 1-2)

Signos de Dios - 13