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Agustinos
de la Asunción




Editorial AA Info Julio 2018 - N�� 05

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2018-11-13 - Roma

El 33º Capítulo General celebrado el año pasado sigue siendo nuestra brújula. Ya ha pasado un año y el camino continúa. Mantengamos el rumbo y aceleremos. Primero, debemos apropiarnos de las orientaciones de las Actas del Capítulo. Estoy seguro de que podemos hacer más y mejor para aplicar fielmente lo que el Espíritu nos pide que hagamos para ser fieles a nuestro carisma asuncionista.

Ahora que el CGP acaba de reunirse en Arusha (Tanzania) en su sesión de junio, hemos podido alegrarnos de la vitalidad de la Asunción en África del Este. 30 años después de la primera fundación en Kenia, ¿cómo no estar agradecidos a todos los que han contribuido al arraigo del carisma asuncionista en estas tierras generosas y acogedoras? Religiosos americanos, ingleses y congoleños han hecho posible que nuestra familia religiosa exista en estos países y se haga cargo de cierto número de parroquias en Kenia, Tanzania y Uganda. Aunque hoy todavía la formación de los jóvenes religiosos sigue movilizando gran parte de los recursos humanos —con un noviciado, un filosofado y un teologado—, los religiosos están también fuertemente comprometidos en la misión pastoral. En mi encuentro con el Arzobispo de Arusha, Mons. Isaac Amani Massawe, me manifestó él su satisfacción por ver a nuestra congregación muy implicada en la misión de su diócesis. Ya nos hemos hecho cargo de cuatro parroquias en Tanzania, y pronto se añadirá una quinta. Durante nuestra estancia allá, iniciamos oficialmente el proceso que nos permitirá erigir la Viceprovincia del Este en enero de 2019. Ya ahora tenemos que vivir la llamada a la unidad en comunidad, en región, en Provincia. Como bien sabemos, la unidad es un combate y una lucha incesante. Nuestra Regla de Vida está jalonada de llamadas a trabajar por la unidad. Os invito a releer y meditar todo lo que concierne a nuestra vida común, es decir, los artículos 6 a 12 donde las palabras «unidad», «comunión» o el verbo «unir» aparecen seis veces...

Ser artífices de la unidad es ser fieles al Evangelio y, ante todo, a la solemne llamada de Nuestro Señor (Jn 17,21): «Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.» Nuestra misión comienza con la búsqueda de la unidad en la comunidad. Nuestra credibilidad apostólica radica en ella.

En este tiempo en que la Congregación se reorganiza erigiendo Vicariatos (AsiaOceanía, Kinshasa, África del Oeste) y una Viceprovincia en África del Este, es urgente reafirmar nuestra pasión por la unidad y contribuir sinceramente a ella. Somos un cuerpo internacional e intercultural. Como escribí en mi última carta, tenemos que vivir el «espíritu plenamente católico» siguiendo el ejemplo de nuestro fundador Manuel d’Alzon que apuntaba «grand et large», con objetivos ambiciosos y horizontes amplios. Cité también en mi carta el hermoso pasaje de la Lumen Gentium (n. 13) que reclama «un esfuerzo común hacia la plenitud en la unidad». El reto está ahí, ¿sabremos afrontarlo? ¿Seremos capaces de dar testimonio en este mundo de que los religiosos somos constructores de unidad y no hombres de discordia? La comunión en la Asunción exige escuchar con respeto la diversidad. Es también búsqueda de un equilibrio donde los fuertes no aplastan a los pequeños y donde la mayoría no impone su ley a la minoría. El espíritu de la Asunción nos impulsa a buscar el consenso. Se trata de promover la benevolencia, la fraternidad y el respeto por los demás. En la Biblia, el diablo es quien viene a sembrar discordia, cizaña. Debemos luchar con todas nuestras fuerzas para ser auténticos testigos de Cristo, que dio su vida por la unidad de los hijos de Dios. Una pregunta puede guiarnos en nuestro discernimiento personal: ¿dónde están mis solidaridades? ¿Qué valoro más: mi familia, mi pueblo, mi cultura o Cristo? ¡Que cada uno responda!