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Agustinos
de la Asunción




Editorial AA Info Julio 2017 - N�� 01

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2017-07-20 - Roma

Se ha celebrado en Valpré el 33º Capítulo General y próximamente tendremos a nuestra disposición las Actas del mismo para que podamos poner en práctica sus grandes orientaciones para los próximos seis años. Este Capítulo ha sido un tiempo de gracia y de escucha mutua. La Congregación cambia rápido y desde ya hemos de extraer las consecuencias de esta transformación radical de la Asunción. Ella ha de ser resueltamente ese odre nuevo para continuar su misión en fidelidad a Manuel d’Alzon con un espíritu de disponibilidad creativa. Vivimos «tiempos nuevos» marcados por la progresión de las Provincias jóvenes, el declive del mundo occidental, la reorganización de nuestra vida comunitaria, el considerable crecimiento del número de los jóvenes en formación, la perspectiva de nuevas implantaciones. Invito a cada uno a vivir este agitado tiempo de cambios en la acción de gracias y en la confianza. Dios guía a su pueblo y nos hará vencer los obstáculos que surgen en el camino. No olvidemos que Israel atravesó el desierto de la sed y del hambre y que cruzó también el mar. «Tú te abriste camino por las aguas» (Sal. 76, 20). Aunque no veamos claramente la ruta, sabemos que Dios abre camino ante nosotros y que él es la luz para nuestros pasos.

El vino nuevo del Evangelio está dispuesto para darse y saciar al mundo que tiene sed de Dios. Pero nosotros mismos, ¿estamos dispuestos a cambiar nuestras costumbres? ¿Estamos decididos a dejarnos transformar por el Espíritu que «hace nuevas todas las cosas» (Ap. 21,5)?

La vida religiosa es una aventura. No es un largo río de aguas tranquilas, sino un torrente de montaña impetuoso de caudal abundante. Dios nos llama a seguirle empezando por abandonar nuestras certezas. Con demasiada frecuencia nos creamos un Dios a nuestra imagen para evitar ser molestados por su novedad y por la radicalidad de su amor. Dios supera siempre la idea que tenemos de él. Dios es el Dios de los grandes espacios, no está encerrado en nuestros manuales de teología o nuestros tratados de espiritualidad. Dios es el íntimo de nuestro corazón. Abandonar nuestras certezas es también recobrar el espíritu original de la vida religiosa. Ésta es una búsqueda amorosa. No avanzamos por un camino trazado de antemano, nos dejamos guiar día tras día para corresponder mejor a la voluntad de Dios. Ella es siempre sorprendente y desconcertante. No podemos calcar nuestra vida religiosa sobre el modelo mundano de la carrera y de la promoción. Somos servidores de la gracia y, por esta razón, estamos también llamados a vivir la disponibilidad de un corazón sencillo y alegre. Lo cual es a veces crucificante, pues nuestra voluntad pasa a segundo plano. Dios es el primer servido.

La vida religiosa es una escuela de santidad. No somos perfectos. Dios no nos ha elegido por nuestros méritos y nuestras cualidades. Nos ha llamado en su libertad soberana para hacernos santos. Y este camino de santidad lo recorremos con otros. No avanzamos solos, nuestros hermanos nos respaldan y nosotros también apoyamos a nuestros compañeros de camino. En este tiempo de nombramientos, doy las gracias a todos los que han trabajado por el Reino con abnegación y entrega, y a todos aquellos que aceptan nuevas misiones y que avanzan con Dios como única brújula.

Los próximos seis años serán para la Asunción una oportunidad para crecer en disponibilidad para el Espíritu. Esto pasa por «pequeñas muertes», es decir por cambios radicales que nos liberarán de todo lo que nos ata aún a la mundanidad, la sed de poder, el amor a sí mismo, el egoísmo, el carrerismo, el confort… Pero la confianza en Dios está ahí. Nos confía a su misericordia. Sin él, no podemos nada. Creemos que pueda hacer nuevas todas las cosas en nosotros.