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Agustinos
de la Asunción




Editorial AA Info Abril 2017 - N�� 24

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2017-04-20 - Roma

«Quien sube nunca deja de ir de comienzo en comienzo con comienzos sin fin» escribe Gregorio de Nisa. Cuando tengáis en las manos este boletín informativo, tal vez se haya celebrado el 33º Capítulo General. Los hermanos capitulares habrán formulado las nuevas orientaciones de nuestra Congregación y las elecciones habrán designado un nuevo equipo de gobierno y animación para nuestra familia religiosa. Me gusta esta reflexión de Gregorio de Nisa retomada por San Agustín que dice: «Cuando el hombre cree que ya ha terminado, se equivoca, porque es entonces cuando todo comienza». Agustín tenía en mente la esperanza cristiana que nos permite esperar contra toda esperanza (Rm 4, 18); pero tenía también la experiencia de que en la fe en Cristo nada está definitivamente perdido o acabado. Para nosotros, el Capítulo terminado no es una conclusión sino un comienzo. De comienzo en comienzo, la Asunción se mantiene fiel a su fundador y prosigue su marcha a la luz del Evangelio.

Después de seis años vividos al frente de la Congregación, quiero compartir la esperanza que llevo enraizada en mí. Lo digo a menudo: «La Asunción no ha dicho su última palabra». Estoy convencido de que tenemos aún la capacidad de continuar nuestra misión y hasta de renovar nuestro dinamismo evangélico. Ante todo somos servidores, es decir hombres animados por la fuerza de su Señor. Es Él quien nos llama, es Él quien nos da energía para avanzar. El anuncio del Reino de Dios se apoya en nuestra capacidad para dejarnos evangelizar en profundidad. La conversión es el corazón de nuestro compromiso religioso. En todas partes el asuncionista tiene el deber de dejarse reformar por el Espíritu del Padre y del Hijo.

El Capítulo nos invita a desplegar la novedad. Dios hace toda las cosas nuevas. No detiene la obra de sus manos. Necesitamos tener una actitud hecha de fascinación. Demasiadas veces corremos el riesgo de dejarnos hastiar por la realidad y decir que nuestros esfuerzos no cambiarán nada en este mundo nuestro. Vamos por camino equivocado. El asombro, la fascinación es la capacidad de mirar al mundo con la ternura de Dios para con él y para con sus criaturas. Nada hay definitivamente perdido. Maravillarse es la juventud del Espíritu que nos hace creer que todo es posible y que después del invierno brotará la primavera. Escribo este editorial cuando estamos terminando la Cuaresma. La naturaleza despierta ya en el hemisferio norte y la primavera se hace sentir. Pero es también la subida hacia Pascua, la subida a Jerusalén, lugar de muerte y de renacimiento.

La segunda actitud que me parece necesario desarrollar es la misericordia. Nuestra vida asuncionista es fundamentalmente comunitaria. Vivimos con hermanos y ellos son imágenes de Dios y templos del Espíritu. Avancemos con confianza para amarlos más y mejor. La caridad fraterna que me esforcé en preconizar en mi carta sobre ese tema es indispensable para nuestro progreso. La Asunción, son hermanos que viven juntos para dar testimonio del Reino. La internacionalidad es una manera de significar nuestra catolicidad. Ésta ha de estar impregnada de Evangelio y trabajada por la misericordia de Dios. En un mundo con frecuencia dividido y a veces violento, nuestra capacidad de vivir juntos y de perdonar es el recuerdo ¡cuán necesario! del lugar del perdón fraterno. ¡Seamos odres nuevos! Para ello, recuperemos las cualidades esenciales del asuncionista tal como las quiso el Padre Manuel d’Alzon. La franqueza, la audacia, la valentía, la osadía, la honradez,… nos son más necesarias que nunca. Dios es nuestro horizonte y queremos amarlo con todas nuestras fuerzas y toda nuestra alma. Y eso pasa inevitablemente por el amor al prójimo y la fe en Cristo resucitado.