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Agustinos
de la Asunción




Laicos en la Asunción

Queridos hermanos y hermanas,

El P. d’Alzon es un padre, un antepasado que dio la vida a una familia extendida por todo el mundo. La familia del P. d’Alzon sigue viva 135 años después de su muerte, y sigue trabajando por el Reino de Dios. El P. d’Alzon sigue vivo a través de nosotros.

La Asunción es una familia con múltiples rostros. Hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes, religiosos y laicos, de Europa, de África, de América, de Asia, todos somos herederos de Manuel d’Alzon. Como escribía el P. Hervé Stephan, el P. d’Alzon tenía pasión por el advenimiento del Reino de Dios, pasión por Jesucristo y por todo lo que Jesucristo ama, y esas dos pasiones quiso compartirlas con “hermanos y hermanas en la Asunción.

La Asunción nació en Francia, en Nimes, pero no se ha quedado prisionera de un país ni de una cultura. En sus genes llevaba la voluntad de extenderse y de suscitar una multitud de hermanos y hermanas por todo el mundo. Hoy, más aún que ayer, la Asunción prosigue su camino anunciando el Evangelio en países donde antes no estaba presente. Junto con ustedes, me alegro de la fecundidad misionera de nuestra familia.

Quiero expresarles mi agradecimiento a ustedes, hermanos y hermanas laicos de la Asunción. Son ustedes miembros de nuestra familia sin restricción alguna. Conservando su propia vocación de laicos, de padres o madres de familia, son ustedes “de la Asunción” porque desde el principio el P. d’Alzon quiso asociarles plenamente a la misión de su congregación. No son auxiliares ni suplentes, son agentes de pleno derecho en nuestro apostolado por el Reino. A su manera, han respondido a la llamada del Espíritu que les invitaba a unirse a nosotros para anunciar el Evangelio. Un mismo espíritu impulsa a algunos hombres y mujeres a comprometerse en la vida religiosa asuncionista y, a otros, a ser laicos de la Asunción. El Espíritu que inspiró a Manuel d’Alzon para fundar su congregación es el que les impulsa a ustedes hoy a proseguir su obra allí donde se encuentran. Les agradezco, pues, que hayan respondido a la llamada del Espíritu. Sepan que, la falta de ustedes, supondría para nosotros la amputación de una dimensión esencial en nuestra vida comunitaria y en nuestro apostolado. Les necesitamos para poder responder a las necesidades del Evangelio hoy.

La Asunción es una familia internacional que no sacraliza ninguna cultura particular sino que quiere amarlas a todas sin preferencias. La internacionalidad de la congregación es ya nuestro deseo de derribar barreras entre nosotros: barreras de lengua y de cultura, de condición social, de nivel de estudios. Somos todos hermanos y hermanas. Cuando hayamos superado nuestras barreras, seremos como los discípulos de Jesús, seremos unos enviados para la misión.

P. Benoît Grière, a.a.
Superior General