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Agustinos
de la Asunción




Muerte del Hermano Bernard Jouanno, un religioso al servicio de la prensa

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2020-04-17 - Francia

Bruno Bouvet, 17/04/2020 a las 17:28

Sus rasgos, forjados en granito bretón, y su rostro taciturno se iluminaron cuando se reveló a Bernard Jouanno que era el inventor, sin saberlo, de la "pastoral del lapíz rojo". La fórmula humorística quería significar su doble condición de religioso asuncionista y de periodista experimentado, un formidable corrector de pruebas cuando se convirtió en redactor jefe del semanario Pèlerin a mediados de los años 1990.

Naturalmente silencioso, voluntariamente gruñón para ocultar mejor sus arrebatos de atención y su discreta generosidad, Bernard Jouanno, que murió el jueves 16 de abril en Albertville de Covid-19, unos días antes de cumplir 76 años, deja en primer lugar el recuerdo de un destacado entrenador, como se diría de un entrenador de fútbol, el deporte que tanto amó y que practicó durante mucho tiempo.

A este niño de orígenes modestos -su padre era leñador, su madre trabajadora doméstica- le gustaba transmitir lo que había aprendido durante su estancia en el grupo Bayard, propiedad de los Agustinos de la Asunción, congregación en la que había pronunciado sus votos perpetuos el 26 de mayo de 1973. Fue en los titulares de la "prensa juvenil" donde aprendió pacientemente los fundamentos de la profesión de periodista, muchos aspectos de los cuales experimentaría durante treinta y seis años de presencia en el 3-5 de la calle Bayard, en el 8º distrito de París.

Graduado en letras modernas, licenciado en teología por la "Catho" de París, tras haber completado parte de su formación con los Asuncionistas, Bernard Jouanno tenía un buen sentido de la palabra y de la escritura anclado en su corazón, un sentido del público al que se dirigía. En primer lugar los niños y adolescentes, luego, en Pèlerin, este lector que a menudo se describe como "popular", una denominación de la que eliminó toda forma de condescendencia.

En lo religioso, profundamente marcado por el Concilio Vaticano II, como en lo profesional, no había una fuga lírica o una autopromoción de los propios talentos, sino un gusto por el otro y una preocupación por una Iglesia lo más cercana posible a los pobres y humildes. Bernard Jouanno vivió su vocación así como su profesión de transmisor, transmitiendo con gusto estas iniciativas que todavía dan esperanza.

Dejando sus funciones jerárquicas, pasó los últimos seis años de su vida periodística (2001-2007) al servicio de Religiones de La Croix, como un gran reportero, feliz de estar de vuelta en el "campo". Profundamente apegado a África -fue voluntario en Camerún entre 1968 y 1970- eligió vivir su "retiro" en Togo, para participar en la fundación de una comunidad en Sokodé. Un grave accidente de salud le obligó a volver a Francia a toda prisa, primero a Lyon, luego a París y finalmente a Albertville, en la casa para los religiosos mayores de los Asuncionistas, donde se encontraba desde hacía tres años. Fiel, casi hasta el final, a la lectura de la prensa.