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Agustinos
de la Asunción




Fiesta de la Asuncion

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2017-08-15 - Rome

El Padre Manuel d'Alzon quiso poner explícitamente sus  congregaciones bajo  la  tutela de Nuestra Señora.

"El espíritu de la Asunción se resume en unas pocas palabras:  el amor de Nuestro Señor, de la Virgen,  su madre, y de la Iglesia, su esposa." M. d' Alzon. Escritos espirituales.

A veces se dice que las congregaciones fundadas por el Padre d' Alzon no son "congregaciones marianas". No cabe duda que habría que explicar lo que subyace  bajo  esta afirmación y justificarlo.

El P. d'Alzon recogió  en una fórmula chocante  el espíritu que él entendía  imprimir a su congregación.  Lo podríamos enunciar  así: trabajar para que venga  el Reino,  amando  a Cristo y lo que El más amó, María,  su madre  y la Iglesia,  su esposa.  "El espíritu de la Asunción se resume en unas pocas palabras:  el amor de Nuestro Señor,  de la Virgen,  su madre, y de la Iglesia,  su esposa. " (Directorio en Escritos espirituales, pág.  20)

En nuestras  familias religiosas, se nos ha marcado  fuertemente con el sello de este "triple  amor".

El Padre Manuel  d' Alzon  quiso poner  explícitamente sus congregaciones bajo la tutela de Nuestra Señora de la Asunción, dándonos  "Las constituciones de los Agustinos de la Asunción". Muchas de sus obras se desarrollan bajo la protección de María: El colegio  de la Asunción en Nimes,  cuna de la congregación, la asociación Notre-Dame-de-Salut, el primer  noviciado de las Oblatas  en Le Vigan, Nuestra Señora de Bulgaria, el primer  alumnado de Nuestra Señora de los Castillos,  origen de numerosas vocaciones.

El P. Manuel  d' Alzón  se alegró  cuando  el papa Pío IX proclamó en 1854 el dogma de la Inmaculada Concepción. Esperaba secretamente, sin impacientarse, la proclamación del misterio de la Asunción.

Él mismo  frecuentaba asiduamente, con los alumnos,  los profesores, los hermanos,  los lugares  de peregrinación de su diócesis  y de los alrededores:  Nuestra  Señora  de Rochefort, Nuestra Señora de Gracia, Nuestra Señora de Bonheur  en Espérou.  Le gustaba  hacer una visita a Nuestra Señora de las Victorias, en París, Nuestra Señora de Fourviére, Nuestra Señora de la Garde.

¿Acaso no acudió,  sin precipitar los acontecimientos, a la Salette,  luego a Lourdes, diez años después  de las apariciones?

En todos estos lugares y en la contemplación de todos estos misterios de María,  el P. Manuel  d' Alzon  se encuentra  con la Virgen  de los Evangelios, dócil a la Palabra, disponible para el proyecto  de Dios sobre la humanidad, presente, discreta, en los momentos cruciales  de la vida de su Hijo, a los pies de la Cruz, asidua a la oración,  en medio  de los discípulos, esperando  la llegada  del Espíritu. "Para conocer a la Santísima  Virgen,  basta con el Evangelio. " Esto nos va perfectamente.

Los escasos  ecos que nos han llegado  de la oración  de María  en los evangelios son humilde  aceptación, alabanza llena de admiración, confianza absoluta. El P. d' Alzón  se empapó  ampliamente de esto. Estos ecos podrían  fecundar,  sin que hubiera  la menor  reticencia por nuestra parte, nuestro propio  impulso  de la oración  de los servidores del Reino.

 
"Reina de los ángeles, reina de los que son recompensados en el cielo por las virtudes que practicaron siguiendo vuestro ejemplo,

volved una mirada  materna en el día de vuestro triunfo hacia vuestros hijos que todavía luchan.

prestadles vuestro favor protegiendo a la Iglesia de la que son miembros y de la que vos sois la Madre, y haced que estas palabras,

provocando una viva confianza en vuestro poder, despierten al mismo tiempo en su espíritu

el sentimiento de la necesidad  de amar a la Iglesia de vuestro Hijo, para participar de sus beneficios."


(Textos registrados  del P. d'Alzon -Corpus Causae- 42,10)