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Agustinos
de la Asunción




Cuarentena

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2020-03-25 - Roma

La Cuaresma comenzó como todos los años, pero el brote de la pandemia de coronavirus ha interrumpido nuestro ritmo habitual. Si pensábamos que pasaríamos los 40 días anteriores a la Pascua en paz, ahora estamos llamados a vivir otra cuarentena, la impuesta por las autoridades políticas para cumplir con las medidas sanitarias y contener la epidemia. ¡Qué coincidencia! Etimológicamente, la cuarentena sanitaria significa 40 días de confinamiento estricto y luego, por extensión, cualquier período más o menos largo de confinamiento debido a una epidemia. Pero la Cuaresma también es 40 días, pero días de oración, ayuno y caridad. ¿Quizás esta coincidencia nos invita a abrir más nuestros ojos y nuestros corazones para acercarnos a este tiempo de una manera renovada, que nos lleve a la luz de la Pascua?

La epidemia de coronavirus nos recuerda un hecho obvio: todo en la tierra es frágil. Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Tal vez hemos puesto nuestra esperanza en los números, la fuerza, el poder, la salud y el éxito, olvidando que nuestra ayuda era el nombre del Señor y sólo él. Hemos pecado. Afortunadamente, la vida continúa y la esperanza sigue siendo fuerte a pesar de todo. Hoy en día, en esta epidemia, hay tesoros de generosidad y fraternidad en el trabajo. Sus autores no son todos cristianos, pero participan plenamente en la Iglesia del cielo amada por Dios. El profeta Daniel dice: "Pero con nuestros corazones rotos, con nuestros espíritus humildes, recíbenos como ofrenda quemada de carneros, corderos y toros por miles. Que nuestro sacrificio en este día encuentre gracia ante ti, pues no hay vergüenza para los que esperan en ti. "El sacrificio que agrada a Dios, dice el Salmo 50, es "un espíritu humilde, un corazón contrito". Tal vez la experiencia de fragilidad y debilidad que experimentamos en este tiempo de angustia es un aprendizaje de la humildad. En el régimen cristiano, la humildad a veces viene a través de la humillación. No somos intocables, somos vulnerables. No somos dioses, somos hombres y mujeres marcados por la fragilidad. Dios también es vulnerable porque es misericordioso. En este tiempo de Cuaresma, experimentamos nuestro pecado y la bondad de Dios de una manera concreta. Nuestro Padre y Creador tiene un corazón generoso porque perdona. ¡Nosotros también aprendemos a perdonar!

Rezo para que este tiempo de cuarentena, sea un tiempo en el que podamos renovar nuestra solidaridad concreta. Solidaridad con los enfermos -hay algunos en la Asunción-, solidaridad con los médicos, enfermeros, asistentes, los que están solos, los ancianos. También me gustaría que este tiempo de encierro en el que estamos en cierto modo enclaustrados, sea también una oportunidad para redescubrir una intimidad más profunda con Dios. Un momento en el que la oración ya no es una formalidad, sino una pasión por el Padre, el Hijo y el Espíritu. Un tiempo para dar gracias, porque mientras las comunidades cristianas están privadas de la Eucaristía y los sacramentos, tenemos el privilegio de celebrar juntos todos los días. Al igual que Teilhard de Chardin, que celebró su "Misa por el mundo" mientras viajaba por Asia, podemos celebrar en comunión con todos los hombres y mujeres afectados por la epidemia.

El confinamiento nos impone una penitencia difícil de soportar. Permanecer confinado ea a veces pesado de vivir, pero la Cuaresma nos pide vivir el ayuno, la penitencia, la privación. Podemos unirnos a todos aquellos en el mundo que están afligidos por el hambre, la injusticia, la guerra y la persecución. La epidemia podría transformarse en una vasta efusión de generosidad y fraternidad. ¡El Señor no nos abandonará y tendremos que vivir aún más plenamente la alegría de la Resurrección!

P. Benoit Griere, a.a.

Superior General

Fotos: CIRIC