OK Su questo sito NON utilizziamo cookie di profilazione di terze parti. Se vuoi saperne di più o prestare il consenso solo ad alcuni utilizzi clicca qui. Cliccando sul pulsante OK, o continuando la navigazione effettuando un'azione di scroll, presti il consenso all'uso di tutti i cookie.

¿Quieres ser asuncionista?

Agustinos
de la Asunción




AA Info Octubre 2019 - N° 10

562_big.jpg

2019-11-14 - Roma

¡Empecemos con una confesión! A veces me molesto cuando el celebrante principal de la eucaristía dice, en la comunión: «Dichosos nosotros invitados a la cena del Señor». Aunque no soy rubricista, me gusta la elección que ha hecho la Iglesia de decir: «Dichosos los invitados a la cena del Señor.» Y la Iglesia tiene razón. Ciertamente, nos alegramos de recibir el «pan de los ángeles», pero ¿podemos estar satisfechos de que tan pocos de nuestros contemporáneos hayan aceptado la invitación a unirse a nosotros para la comida? La repetición sistemática de la fórmula alterada nos hace olvidar la urgencia de la misión. Nuestras comunidades tienen que ser misioneras para recibir a los que aún no se han unido a Cristo. Es urgente renovar nuestro compromiso misionero.

El mes de octubre estará dedicado en su totalidad a la misión universal de la Iglesia. Así lo decidió el Santo Padre extendiendo a todo un mes la tradicional jornada de oración por la misión. La Asunción, en cierto modo, se había preparado organizando para el pasado mes de junio una sesión de «relectura de la experiencia misionera». Esta nos fortaleció en nuestra búsqueda de un nuevo dinamismo apostólico para toda la Congregación.

La exhortación apostólica Evangelii gaudium habla del «discípulo-misionero» para caracterizar al cristiano que da testimonio en el mundo de su fe en Cristo Resucitado. Me gusta este calificativo, que nos ayuda a entender mejor nuestro papel de evangelizadores. Somos ante todo discípulos, es decir, hombres y mujeres, que han escuchado la llamada de Jesús a seguirle. El Evangelio describe muchas veces lo que caracteriza al discípulo. En primer y preferente lugar, la escucha de la Palabra de Dios. Es la Palabra la que hace al discípulo. Palabra de vida que transforma profundamente el ser de cada persona; palabra que anima a la conversión. Esta palabra meditada en silencio resuena en nuestros corazones, pero también nos hace a cada uno de nosotros testigos, personas que dan cuenta de su esperanza en Dios. El testigo sólo existe a través del testimonio. Ahora bien, el testimonio es el anuncio del Reino de Dios que ya se ha manifestado y que se está desplegando en el universo.

Todos somos misioneros por nuestro bautismo. Para nosotros, los religiosos, es necesario centrar nuestra vida en la Palabra de Dios. Es urgente que esta palabra se convierta en fuente de vida y de renovación y, para eso, es prioritario poner en práctica lo que exige la Regla de Vida: media hora de meditación diaria. El incumplimiento de esta petición conduce al relativismo y a la laxitud. Estaremos expuestos a oír el reproche de Dios a su pueblo mediante su profeta Jeremías (2,13): «Han cometido dos maldades: me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron aljibes, aljibes agrietados que no retienen el agua.» Si no volvemos a la fuente de agua viva, estamos condenados a la sequía, la sed y la muerte. La Palabra de Dios es para nosotros esta fuente de vida. No tenemos que buscar en otra parte.

El año 2019 será el del 175 aniversario de nuestra fundación. Tendremos que celebrar todo lo que el Señor ha hecho por la Asunción a lo largo de estos años. La acción de gracias brotará de nuestros corazones por la fidelidad del Dios de amor para con nosotros y por el apoyo que aún hoy da a nuestra pequeña familia. Pero no estaríamos a la altura de esta conmemoración si no nos comprometiéramos firmemente a una renovación apostólica y misionera. Los asuncionistas no son guardianes de museo, encargados de custodiar valiosos recuerdos protegidos por vitrinas o muros. Somos testigos del amor de Dios por nuestro mundo, y esto exige un fuerte compromiso con la creación. Somos misioneros encargados de decir a nuestros hermanos y hermanas en humanidad que están todos invitados a la mesa del Señor. La misión, es hoy.

Ver el texto completo en la sección documentos