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Agustinos
de la Asunción




Editorial AA Info abril 2019 n. 08

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2019-05-23 - Roma

¡Oh Dios, santos son tus caminos! La Iglesia, nuestra Iglesia, la Iglesia Católica está atravesando una crisis de magnitud excepcional. Desde la Reforma Protestante y la Revolución Francesa, creo que nunca hemos tenido que enfrentarnos a semejante avalancha de malas noticias. Cincuenta años después del Concilio Vaticano II, donde soplaba el Espíritu de un nuevo Pentecostés, nos encontramos ante un colapso que recuerda la calamitosa dispersión de los apóstoles en el Gólgota el Viernes Santo. La esperanza está herida y el futuro es incierto.

Entonces, ¿hay un futuro posible para la Iglesia? ¿Qué futuro para la Asunción? Dos preguntas pertinentes, pero de importancia desigual. El futuro de la Asunción, como sabemos, está indisociablemente ligado al de la Iglesia. Ella es la que nos envía a la misión. Sin la Iglesia, no hay congregación de la Asunción. Por tanto, formulémonos la pregunta correcta. Lo que está en juego es el futuro mismo de la fe en Jesús. «¿También vosotros queréis iros?» (Jn 6, 67)

Nací poco antes de la convocatoria del Concilio por Juan XXIII. Mi infancia estuvo jalonada por la implantación de las reformas litúrgicas y catequéticas. Pero, muchachito francés, también vi cómo la fe se iba retirando poco a poco del espacio público y de la cultura europea. Viví una desaparición lenta del universo simbólico cristiano. La indiferencia, la increencia y la incultura se han apoderado de las mentes contemporáneas. En los últimos años se han publicado dos libros. El primero es obra de un historiador de la antigüedad grecorromana: Paul Veyne, Cómo se hizo cristiano nuestro mundo. Otro más reciente de un sociólogo: Guillaume Cuchet, Cómo nuestro mundo ha dejado de ser cristiano. ¿Balizan los dos títulos un recorrido acabado? ¿No queda por añadir, como en las películas, nada más que la mención «The End», «Fin»? ¿No hay nada más que esperar del cristianismo?

La respuesta a la pregunta nos corresponde a nosotros. No está en mi poder ofreceros un pronóstico. No soy un adivino que descifra el futuro echando las cartas, ni un mago con su bola de cristal. Soy sólo un discípulo de Jesús, un hombre que sabe que Dios nunca nos abandonará. Mi última carta os ayudaría a comprenderlo, al menos eso espero. Aprovechemos, pues, los «Recursos del cristianismo»1, que están en nuestras manos, disponibles para continuar la aventura del seguimiento de Cristo, como dicen los exegetas. Regresar a Cristo es la prioridad absoluta. El Asuncionista se compromete por amor y con pasión. Dios es un fuego devorador que nos comunica su fuerza para extender el Reino.

Ante las dificultades y frente a las diversas amenazas, debemos recordar la santidad de Dios y aferrarnos a ella: «¡Dios, la santidad es tu camino! ¿Qué Dios es tan grande como Dios?» (Sal 76, 14). Dios nos invita a compartir su santidad. Él nos invita, a pesar de nuestras faltas y de nuestro pecado, a no desfallecer nunca en el camino. La única respuesta que podemos dar es avanzar juntos en este camino. El Evangelio sigue siendo nuestra riqueza y, si la Asunción le es fiel, no habremos dicho nuestra última palabra y entonces la pertinencia de nuestra congregación permanecerá intacta. El Reino nos espera; no permanezcamos inertes. 

P. Benoît Grière, Superior General de los Agustinos de la Asunción

n. 1) Título de un libro de François Jullien, filósofo y sinólogo, que quiere mostrar que el cristianismo tiene riquezas útiles para el hombre de hoy y para el pensamiento moderno.