ASUNCIONISTAS
CONSEJO DE CONGREGACIÓN 2008
Gwangju, Corea
Carta a los religiosos, religiosas y laicos de la Familia de la Asunción
«Seguir a Jesucristo con Manuel d’Alzon»
El 40e Consejo de Congregación de la Asunción se ha reunido en Asia por vez primera; en Gwangju. Es la ciudad de Corea del Sur donde se estableció la primera comunidad asuncionista de Extremo Oriente desde los tiempos de Manchuria, y en la que ya nos habían precedido las Oblatas. Desde entonces se han abierto otras dos comunidades en Asia, la de Manila en Filipinas, y la de Saigón en Vietnam. Damos gracias a Dios por la vitalidad misionera de nuestra “pequeña familia” que, a pesar de su fragilidad, sigue dando testimonio de su pasión por el Reino de Dios con audacia y desinterés. Esta pasión del Reino de Dios, la hemos heredado de nuestro Fundador. Más de 150 años después de la fundación, seguimos compartiendo aquella misma ambición que animaba al P. d’Alzon: la de tener una mirada amplia y con horizontes. Estamos convencidos de que el mismo Espíritu que le llevó a él a fundar sus Congregaciones continúa actuando ahora en nosotros. La historia que inauguró Manuel d’Alzon es una historia vibrante que día tras día van escribiendo, en la confianza, sus hijos y sus hijas, los religiosos, las religiosas y los laicos de la Asunción.
El año 2010 celebraremos el bicentenario del nacimiento del Padre
Manuel d’Alzon. El Consejo de Congregación desea hacer partícipes a
todos los miembros de la familia de la Asunción de su deseo de vivir
intensamene el tiempo privilegiado que se le concede con la celebración
de este acontecimiento. Estamos decididos a hacer de este aniversario
un tiempo de gracia y de alegría. Ello contribuirá a fortalecer nuestra
convicción común de la santidad de nuestro Fundador. No solamente nos
atrevemos a creer en la santidad de Manuel d’Alzon, sino que queremos
vivir con él la santidad a la que estamos llamados como discípulos de
Jesucristo.
Estamos persuadidos de que el Padre d’Alzon es más que una figura
histórica, más que un antepasado lejano en el que pensamos de vez en
cuando. Es un modelo de santidad que sigue guiándonos día tras día en
nuestro itinerario de discípulos. Es él quien nos impulsa a vivir
siguiendo a Jesucristo en la fe, la esperanza y la caridad. Él es el
compañero de camino de todo Asuncionista, sea originario de Europa, de
América, de África o de Asia. Manuel d’Alzon es también el amigo de
todos los hombres y de todas las mujeres que comparten, con la
Asunción, la pasión por el Reino de Dios. Laicos, religiosas y
religiosos juntamente nos reconocemos herederos de un padre que nos ha
dejado una riqueza inmensa: su celo infatigable pour la unidad, la
verdad y la caridad.
Manuel d’Alzon nos es muy querido porque nos ayuda a amar mejor a Jesucristo, a la Virgen y a la Iglesia.
El Consejo de Congregación ha elegido un tema que servirá de base al
conjunto de iniciativas que se van a proponer para los tres próximos
años (desde abril de 2008 hasta abril de 2011): “Seguir a Jesucristo
con Manuel d’Alzon”. El Padre General y su Consejo nos harán llegar
regularmente indicaciones para vivir intensamente estos tres años y
para llegar a ser más discípulos de Jesucristo (abril 2008-abril 2009),
más apóstoles de Jesucristo (abril 2009-abril 2010) y más hermanos de
Jesucristo (abril 2010-abril 2011).
A lo largo de estos tres años se irán sucediendo algunas celebraciones
a nivel provincial y otras a nivel general. El próximo Consejo de
Congregación (abril de 2009) se reunirá en Nimes. A finales de agosto o
primeros de septiembre se organizará una sesión para los laicos,
también en Nimes. Una celebración en El Vigán y en Montagnac marcará
el bicentenario del bautismo de Manuel d’Alzon (2 de septiembre de
2010). Cada Provincia está invitada a organizar su propio programa de
animación para responder a las peculiaridades de cada país.
Con gran alegría ponemos en marcha esta gran celebración en recuerdo de
quien fundara la Asociación de la Asunción, la Congregación de los
Agustinos de la Asunción en 1845 y las Oblatas de la Asunción en 1865,
que desempeñó un importante papel en la fundación de las Religiosas y
de las Hermanitas de la Asunción, y que acompañó a tantas otras
personas en su seguimiento de Jesucristo. Que este bicentenario nos
ayude a redescubrirlo como hermano en la senda que el Señor nos traza
hoy a nosotros. Que por su intercesión el Señor conceda la gracia de la
sanación a cuantos imploran este favor, y que nos infunda un corazón
todavía más ardiente para trabajar en pro del advenimiento del Reino de
Dios en nuestros corazones y en el mundo que se nos concede amar.